Metzengerstein no es el mejor cuento de Adgar Allan Poe y no acostumbra a figurar entre los más célebres de su estimable bibliografía. Sin embargo, posee el valor de ser su primer cuento publicado, concretamente en las páginas de la revista Philadelphia’s Saturday Courier, en 1832.

En Metzengerstein, Poe adopta las convenciones de la novela gótica: mansiones antiguas y oscuras (en este caso un castillo), tortuosas obsesiones, rivalidades sin solución, trágicos presentimientos…

Entre los críticos del escritor, esta pieza tiene dos visiones bien diferentes: la de quienes opinan que se trata de una parodia encubierta del género, al advertir exageraciones que parecen burlarse del género, y la de quienes afirman que Poe intentó demostrar con este trabajo que era capaz de escribir historias con esta carga gótica.

No, no es el mejor relato del fantástico Edgar Allan Poe, pero merece leerse para conocer un poco más su trabajo, su evolución, su peculiar cosmogonía. También porque la atmósfera creada está llena de fuerza, de misterio, de nieblas y pesadillas. Poe pinta en Metzengerstein un decorado en el que cada elemento tiene vida propia, en el que cada movimiento augura una amenaza, en el que el protagonista parece correr hacia su destrucción, en el que la tragedia se adivina como nel único final posible.

Sí, conviene leer Metzengerstein.


Metzengerstein


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