El día oportuno para recomendar este libro hubiera sido ayer, lo sé (14 de febrero, san Valentín, día de los enamorados…), y ésa era mi intención, pero al final me descuide, me lie con otras cosas y… hasta ahora. Aun así, el valor y el mensaje que alberga esta novela tiene la misma vigencia hoy que ayer o que el veinticuatro de agosto.

Los puentes de Madison nos habla de un romance entre dos personas maduras con un pasado y unas circunstancias personales completamente diferentes. Para mi gusto es una historia hermosa en todas sus dimensiones. Hermosa en su planteamiento, en su desarrollo y en su desenlace. Está sembrada de situaciones serias, creíbles, y tratada con una combinación de cruda realidad, emociones imprevistas y diálogos medidos, intensos, mimados. Ignoro cuál fue el mensaje que Robert James Waller quiso transmitir con esta obra –en el caso de que quisiera dejar algún mensaje-. El mensaje que yo percibí en su día es el de que el amor, el amor profundo, pasional, desgarrador, puede aparecer a cualquier edad.

En el caso de esta novela quiero dejar bien claro que, en contra de lo que suele ser habitual, la película supera al libro. Sin duda, esto se debe a que tras la cámara se encuentra Clint Eastwood y que el mismo Eastwood, junto a Meryl Streep, dan vida a los dos personajes principales. Sus interpretaciones enriquecen el texto original y otorgan una atmósfera que sólo se advierte a ráfagas en las páginas de la novela.

Posiblemente, las definiciones que se puedan dar sobre el significado del amor sean tantas como personas existimos, así como las formas de demostrarlo, bien con acciones o con palabras. No dudo de que muchas de esas frases que se sueltan a bocajarro cuando uno está enamorado, por muy horteras y simples que suenen, pueden llevar un sentimiento tan verdadero y respetable como el de la frase más romántica, pero he de reconocer que prefiero las últimas a las primeras. Los puentes de Madison nos regala varias frases dignas de enmarcar, sobre todo porque están dichas en el momento preciso, con las palabras justas y con un sentimiento que encoge el corazón y humedece los ojos.

Recomiendo Los puentes de Madison como una lectura breve, amena, en la que Waller, sin recurrir a una prosa edulcorada, sino más bien a una sencilla y directa, nos sabe llevar de la mano hasta el encuentro de Robert Kincaid y Francesca Johnson, para, a partir de ahí, dejarnos caer en las profundidades de una relación sentimental creíble, emotiva, sembrada de momentos inolvidables.

Eso sí, si te animas a leer la novela, no dejes de ver la película.

Los puentes de Madison

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