Hace unas pocas fechas, mi admirado Pedro Ugarte escribía en Facebook lo siguiente: «El Licenciado Vidriera es una obra genial, a la que el Quijote solo supera en una cosa, en el número de páginas».

Entre los comentarios de sus muchos seguidores hubo, como es lógico y saludable, diferencia de opiniones, todas ellas de buen talante y aportando respetuosamente su punto de vista. Defensores del Quijote, defensores de las Novelas ejemplares… Pero una coincidencia prácticamente unánime: el genio literario de El manco de Lepanto, que, por lo que algunos estudiosos de su vida afirman, no era manco, sino tan sólo impedido de una mano, la izquierda concretamente.

En el ánimo de Pedro no estaba denigrar al ingenioso hidalgo ni mucho menos a su autor, sino, como es habitual en él, desatar una fina polémica con esa elegancia suya tan particular. De vez en cuando se agradece un poco de pimienta en la comida y un pellizco en el pensamiento, que por pura inercia acostumbra, sin que seamos conscientes de ello, a acomodarse a un ritmo y a un compás.

El licenciado Vidriera forma parte de esas doce novelas publicadas en 1613 por Juan de la Cuesta, impresor asimismo del Quijote, bajo el título de Novelas ejemplares. He aquí unas pocas páginas, no muchas, dada la brevedad de la obra.

El licenciado Vidriera

 

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