Valle y tren

Era en la colina
de aquel valle mío
la vía del tren
una cicatriz.

Herida cerrada
a golpe de soles,
pestaña de hierro
forjada de lunas.

«Ya pasa el lechero»
decía la tía.
Con ojo de cíclope
el Talgo rompía
la tela de araña
que la noche urdía.

Y los días eran
máquinas, vagones,
dibujando la U
de aquel valle mío.

De aquel valle mío
en el que los trenes
marcaban las horas
y las estaciones.

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