Este pasado fin de semana, como todo el mundo sabrá por la tabarra que hemos dado con ello, ¡Quinquilleros! Fábula para una taberna fantástica ha estado en Arimaktore (Barakaldo).
Arimaktore es un espacio en el que la magia del teatro se respira desde que uno pone los pies dentro de él. No es un espacio grande, al contrario, es más bien reducido, pero sus responsables han sabido dotarlo de un encanto que muchos lugares de más renombre y tamaño desearían. El público es recibido en el ambigú, en donde es invitado a una copita de vino, unas aceitunas, queso, patatas fritas… y es ahí donde la magia del teatro comienza a destilar su aroma por el ambiente.
Al otro lado de la cortina negra aguarda la sala, en la que unas cuarenta sillas esperan acoger al respetable. Un responsable de Arimaktore presenta la obra, retira la cortina e insta a acceder a la sala, previo aviso —siempre importante— de que se apaguen o silencien los móviles.
Por ahí, «escondido», anda el elenco, expectante, curioso, tenso, controlando los nervios para quedarse solamente con el nervio preciso para dar lo mejor de sí y deleitar al personal. Para este elenco, el mayor premio es que, cuando todo acabe, cada uno y cada una de los/las asistentes, vea recompensado su tiempo y su dinero.
Hemos vivido dos jornadas intensas, pletóricas, plenas de emoción, de risas, de ensayos, de problemas de última hora solventados con imaginación, de aplausos, de felicitaciones…
En las imágenes que siguen podemos ver algo de esto. Amigos, conocidos, familiares, amigos de amigos, amigos de familiares, desconocidos, amantes del teatro… llegados algunos de ellos desde Basauri, desde Bilbao, desde Erandio, desde Portugalete, desde Urduliz, desde Ugao-Miraballes, desde Arrigorriaga, e incluso desde Logroño. Ambos días, la comunión del público con el elenco y con la obra —cada día de diferente manera— fue absoluta. Éste es uno de los encantos de Arimaktore: que el público puede «oír» hasta el parpadeo de los actores y las actrices.
Ya sólo queda dar las gracias a los miembros que componen Arimaktore por su amabilidad, su hospitalidad, su atención, su ánimo, su colaboración y su saber ser «invisibles» cuando hace falta, para que nada distraiga la concentración del equipo —saben muy bien de qué va esto—. Gracias también por mantener vivo y activo ese espacio en el que, desde el escenario, parece que estás, al mismo tiempo, en el salón de tu casa y en San Mamés en día de semifinales coperas.
Personalmente, mostrar, y demostrar, mi satisfacción, mi dicha, por formar parte de un equipo fabuloso, encabezado por Samuel Gibert (actor, guionista, productor y director) y seguido por Eva Merlo, Alex Quiroga Do Carmo, Javier G. Torres y Ernesto F. Valerio —sí, «mi» Ernesto—. En bambalinas, pero presente y currante como la que más, Idoia —sí, mi Idoia—, una más del grupo, una quinquillera más, la que redondea ese mágico número: 7.
¡Larga vida a ¡Quinquilleros! Fábula para una taberna fantástica!
¡Larga vida a Arimaktore!
¡Larga vida al teatro!











