De Jorge Castañeda ya he hablado en varias ocasiones, incluso le he dedicado en esta misma web un lugar propio dentro el espacio Tres nombres.

En la presente entrevista podemos conocer un poco más a un escritor que vive  las letras (escritas y sobre todo leídas) y la Cultura como parte esencial de su existencia. En su obra podemos admirar su estilo, sus inquietudes, su buen hacer, y en sus palabras podemos aprender ideas y conceptos sumamente interesantes, y más en el mundo actual, tan dado a la urgencia, al reconocimiento público como máximo objetivo, al atajo fácil en pos de intereses podo edificantes.

Sin más presentaciones, os dejo con Jorge Castañeda, agradeciéndole que me haya regalado parte de su tiempo para responder a esta entrevista.

                                                                                                                                                                                                                                               Imagen de autor: cedida por él mismo.
                                                                                                                                                                                                                                                           Imagen de fondo: radiosolar.com

 

CHARLANDO CON…: Imaginemos que se presenta usted, como escritor, ante un gran público que no le conoce. ¿Cómo se presentaría? ¿Qué le diría?
JORGE CASTAÑEDA: Soy Jorge Castañeda, un poeta, escritor y periodista, radicado en Valcheta, un pequeño pueblo ubicado en la Patagonia argentina. Siempre me he considerado un escritor de la periferia, que vive y sueña en el interior de todos los interiores. Al decir de Homero Manzi he preferido antes de ser un hombre de letras escribir letras para los hombres.
Me gusta la buena mesa y los mejores vinos, compartir los afectos con los seres queridos, comprar y leer libros, escuchar la buena música.
En filiación política soy Justicialista, en religión cristiano evangélico, y el fútbol, pasión de multitudes, soy de Boca Junior, el cuadrito de mis amores.
Tengo 16 libros publicados entre poemarios, novelas y crónicas y he participado en numerosas antologías nacionales y extranjeras, siendo colaborador de diarios y revistas.
No sé si me reconozco en estas palabras, ni —parafraseando a Borges— soy el que escribe estas líneas, o es el otro Jorge Castañeda.

CHC: ¿Recuerda cuáles fueron sus primeras lecturas?
JC: Mis primeras lecturas fueron muchas y variadas. En la escuela primaria, antes de saber leer y escribir un libro llamado Girasoles me deslumbró por los textos que me leía mi madre y sus hermosos dibujos.
Después, a los diez años, leía en forma voraz las novelas de Julio Verne, de Emilio Salgari, de Juana de Ibarbourou, de Miguel Cané y su Juvenilia, La isla del tesoro, de Stevenson y tantas otras que aún conservo en mi biblioteca después de tantos años.
Ya entrado en la escuela secundaria me supo deslumbrar Shunko de Jorge W. Ávalos, un escritor tan regional como yo mismo, y luego María de Jorge Isaac y Marianela de Pérez Galdós. Después vendría la gran literatura.

CHC: ¿Cómo fue la evolución de esas primeras lecturas?
JC: Esas primeras lecturas comenzaron a marcar profundamente mi evolución literaria. Sin ellas no podría ser el escritor que soy. Por algo se dice que somos lo que leemos. Despertaron al igual que en García Márquez mi imaginación, me transportaron a mundos desconocidos y me enseñaron a amar los libros.

CHC: ¿Y qué lee ahora?
JC: Leo de todo y también releo mucho. Tengo una biblioteca de más 8000 libros y una colección de 3000 dedicados por sus autores. Creo, o me parece que los he leído todos.
Releo a los clásicos. Leo al cubano Leonardo Padura, al chileno Rivera Letelier, a la generación española del 98, la poesía de César Vallejo y Pablo Neruda, Emile Ciorán, los eslavófilos rusos, y la lista sería larga y exhausta.

CHC: ¿Desde cuándo escribe y cómo eran aquellos primeros escritos?
JC: Escribo desde la niñez y como sucede habitualmente son poemas relatos y textos olvidables.
De mi primer libro, La ciudad y otros poemas, de temática ciudadana solamente rescato unos pocos poemas, los demás son un pecado de juventud.

CHC: Sé que la pregunta se presta a la broma de evocar los célebres versos de Gustavo Adolfo Bécquer, pero dígame: para usted, ¿qué es la poesía?
JC: La poesía es como esa mujer coqueta que nos busca y nos seduce. Esa etérea dama que nos acompaña para toda la vida. Un cielo en arrebol, las olas persistentes del mar, una arboleda, una vertiente fresca, un susurro, un ángel que nos toca. Pero quien la desposa debe saber sufrir porque es imperiosa y muchas veces autoritaria. Nos habla desde la almohada por las noches, en el baño y en los momentos menos oportunos. Es una impertinente y no lo digo por el monóculo.

CHC: Hay quienes opinan que una poesía es una inspiración que llega como un fogonazo, que se escribe y que ya está, que no se toca. ¿Hasta qué punto considera que debe trabajarse un poema?
JC: Un poema debe trabajarse hasta el cansancio y nunca saldremos de él con cierta satisfacción. Soy un obseso de la corrección, del perfeccionamiento. Hay que trabajar las palabras del poema hasta que suenen bien, como un carrillón llamando a misa.

CHC: ¿Existe una técnica para escribir poesía o, como defienden algunos, es pura inspiración?
JC: Con la poesía no hay técnicas que valgan. Puede ser de forma perfecta y no decir absolutamente nada. La poesía es una frase feliz, un destello, un jardín en flor.

CHC: Usted es nacido en Bahía Blanca, provincia de Buenos Aires, pero reside desde hace muchos años en Valcheta, provincia de Río Negro. Descríbanos brevemente cómo es Río Negro y, más concretamente, Valcheta.
JC: Río Negro es una provincia continente: tiene de todo, valle donde se producen las mejores peras y manzanas, estepa patagónica con toda su impronta de austeridad, con el río arterial que le da su nombre, con el mar en toda su costa. Es del mundo mi lugar.
Valcheta, el pueblo de mis padres, es un vergel en medio del desierto; con su arroyo, sus arboledas, sus espacios verdes, con su bosque petrificado con especies de araucarias fósiles de 75 millones de años.
Yo con Irma mi compañera repartimos nuestra vida entre Valcheta y su verdor, Las Grutas donde tenemos todo el mar a nuestros pies y el trajín de mi ciudad natal de Bahía Blanca. Somos muy afortunados: tres paraísos distintos.

CHC: ¿Hasta qué punto Valcheta ha influido en su obra?
JC: Valcheta ha sido para mí una fuente de inspiración constante. En casi todos mis poemarios está presente. En mis notas periodísticas y toda entera en mi libro Valcheta, un pueblo con historia. Y especialmente en varias de mis letras de canciones, ya más de 60. Los músicos han sido muy generosos.

CHC: ¿Cree que habría sido el mismo poeta de haber vivido en una ciudad más grande, con más comodidades, más cercana a la modernidad?
JC: Viví muchos años en Bahía Blanca que ya era una ciudad grande con mucha actividad cultural, pero creo que ahora la modernidad con sus avances tecnológicos ha igualado mucho las cosas. Se puede escribir desde un pueblo pequeño y la magia de Internet lo acerca a todo el mundo, que ya ha dejado de ser “ancho y ajeno”. Tengo un amigo que vive en un pequeño paraje de esta Patagonia y desde allí escribe y sueña.
Entre las desventajas es que en Valcheta, verbigracia, uno está y crea en mayor soledad, lo cual no es bueno ni malo, sino diferente. Y uno extraña las charlas de café con los amigos, las librerías, los cines. Mi último libro Bahía Blanca, mi ciudad un poco recrea esas vivencias y la gran protagonista es la ciudad.
Pero yendo a la pregunta es probable que de haber vivido siempre en una ciudad como Bahía mi literatura hubiera sido otra, más urbana, pero más enajenada seguramente.

CHC: Usted escribió un interesante artículo en la web de Red Internacional de Escritores por la Tierra, en el que hablaba de la relación entre escritores y lectores. Al hilo de esto, ¿cree usted que hay que escribir pensando en los lectores o solamente en uno mismo?
JC: Publico en muchas páginas y generalmente sobre todo temas relacionados con este oficio de escribir. Nuestro Borges solía decir que “estaba orgulloso de los libros que había leído antes que de los que había escrito”. Yo puedo decir que cuando escribo cuento cosas que me he visto o he vivido. No pienso mucho en los lectores cuando escribo textos, pero sí cuando escribo notas de opinión para los medios.

CHC: Su obra literaria ha sido declarada de Interés cultural por la Legislatura de la Provincia de Río Negro, que también lo ha designado «Ciudadano Ilustre de Río Negro». Del mismo modo, ha sido nombrado Hijo Ilustre de Valcheta. Imagino que si los reconocimientos son, en sí mismos, una enorme satisfacción, que los concedan en la tierra en la que se vive aumenta su valor sentimental.
JC: Sí, los premios cuando vienen del lugar donde uno vive tienen una gran significación y también una gran responsabilidad. Y en mi caso se puede desmentir un poco aquella frase de Jesús cuando dijo que “es difícil que un profeta tenga honra en su propio pueblo”. Esas distinciones de alguna forma lo afirman.

CHC: A lo largo de su trayectoria ha recibido diferentes galardones reconociendo su obra poética. En 2014 le fue concedida la Distinción Domingo Faustino Sarmiento (máximo Diploma de Honor otorgado por el Honorable Senado de la Nación Argentina), de manos de la senadora nacional Magdalena Odarda. ¿Cómo asume estos reconocimientos?
JC: El ser destacado por la mayor distinción que otorga el Senado de la Nación Argentina, el “Domingo F. Sarmiento”, que le ha sido concedido a grandes personalidades de nuestro país, si bien constituye un gran estímulo, lo asumo con la mayor humildad. Los escritores no somos los pavos reales, sino simples trabajadores de las palabras.

CHC: ¿Siempre ha escrito o ha habido épocas alejadas de la escritura?
JC: Jamás me he alejado de la literatura, ni en los peores momentos de mi vida. Me ha acompañado desde siempre, aunque escribiendo algunas veces se sufre mucho y en otras se siente algo cercano a la felicidad.

CHC: A su juicio, ¿qué es lo que hace buena o mala a una poesía?
JC: Una buena poesía, para mí, es aquella que en algún verso logra alguna frase feliz: La mala, en cambio, es aquella que puede ser perfecta en su forma, pero que no dice nada, porque no tiene alma.

CHC: ¿Es precisa una sensibilidad especial para escribir poesía? ¿Una sensibilidad que quizá no sea tan exigible o necesaria en el caso del cuento o de la novela?
JC: Cada género, ya sea poesía, cuento o novela, exige sus propias claves. La poesía, y hablo sobre todo de la gran poesía, exige mucho: un estado de ánimo propicio, una disposición para recibir el mensaje de las Musas y una disposición a tiempo y destiempo. Tanto el cuento como la novela, maneja otros códigos y mucho, pero mucho, trabajo.

CHC: ¿Qué autores y/o autoras han influido más en su obra, si es que alguno/a lo ha hecho?
JC: Muchos. Desde los grandes poetas a los clásicos. Neruda, Vallejo, Whitman, Salvatore Quasimodo, Esquilo, Sófocles y muchos otros. Entre los prosistas la generación perdida norteamericana, Baroja, los rusos, y un autor que influyó mucho en mi prosa por sus teorías de los colores en la prosa, Ramón J. Sender. Tal vez del modernismo de Juan Ramón Jiménez y la generación del 98. Pero casi todas mis lecturas han dejado una huella en mis textos. Se dice que somos lo que hemos leído, y más todavía en un escritor.

CHC: Entre una buena acogida por parte del público o una buena acogida por parte de la crítica especializada, ¿con cuál se quedaría?
JC: Prefiero lo que la gente común como yo mismo dice de mis escritos. A la crítica, mala o buena, no le hago mucho caso.

CHC: ¿Considera que la escritura debe ir unida a la lectura? Para ir más directo al grano: ¿cree que se puede llegar a escribir con una cierta dignidad sin tener un mínimo bagaje como lector/a?
JC: Nadie, excepto muy pocas excepciones, puede llegar a ser un escritor, sin tener un bagaje importante de lecturas. Yo, siempre lo digo, soy un ratón de biblioteca.

CHC: Proceso de trabajo. ¿Qué es primero: una idea repentina que da pie a un escrito o la búsqueda de una idea para ponerse ante el teclado?
JC: En la poesía puede ser una idea repentina a la que hay que darle forma, en cambio tanto en el cuento como en la novela no se puede improvisar. Hay que tener en claro lo que se quiere decir y tal vez como varios autores tener un bosquejo previo de la trama.

CHC: ¿Es autor de tiempos regulares o no lleva un patrón de días y horas?
JC: Escribo cómo y cuándo puedo. La poesía, que es una impertinente, me llama a cualquier hora. Eso sí, para mis columnas periódicas en la prensa, tengo mis horas fijas.

CHC: ¿Disfruta más del camino, es decir, del tiempo de escritura, o del final, o sea, de ver ese trabajo concluido?
JC: No sé si disfruto más cuando termino un texto o un libro, pero siento un gran alivio, una liberación, porque de alguna forma he exorcizado los fantasmas interiores que por algún tiempo, lo sé, tendrán su boca cerrada.

CHC: ¿Mantiene contacto con poetas de otros países?
JC: He mantenido y mantengo contacto con poetas de todo el mundo que me honran con su amistad. Y en prueba de ellos tengo un gran archivo de cartas con muchos de ellos. Ahora, por Internet, es más fácil.

CHC: ¿Qué poetas recomendaría a alguien que se inicie hoy en la lectura de poesía?
JC: Yo me atrevería a recomendar a Rubén Darío, Antonio Machado, nuestro Baldomero Fernández Moreno, el García Lorca del Romancero Gitano, Amado Nervo, y en especial a los poetas del tango.

CHC: De la misma forma, si tuviera que destacar uno de sus trabajos, ¿cuál sería el elegido?
JC: De todos mis libros recomendaría Crónicas & Crónicas, que habla de las cosas más sencillas, como entrar a un taller mecánico o a una carnicería. Pero toda tarea de elección es ardua y difícil.

CHC: ¿Cree que ha alcanzado su madurez poética?
JC: No sé si la madurez, pero ciertamente un estilo propio, si se puede decir. Uno siempre sale defraudado de lo que ha escrito, pero se debe persistir con una paciencia de relojero.

CHC: Si tuviera que definir su poética, ¿cómo lo haría?
JC: Mi obra poética está marcada por el ámbito donde resido: la estepa patagónica. Su paisaje agreste y austero, de los mitos caídos de los panteones mapuches y tehuelches, de sus personajes, de esas contadas de fogones de sus pobladores que al decir del escritor Manuel Scorza “viajan del mito a la realidad”.

CHC: ¿Considera que desde los organismos pertinentes se fomenta debidamente el amor a la lectura, a la escritura, a la cultura en general?
JC: Creo que no. Esta educación globalizada que se lleva todo sin dejar dividendos no fomenta el amor a la lectura ni a la cultura. Hace mucha falta que se vuelva a leer en las aulas a los grandes creadores como Sófocles, los griegos y los clásicos, que forman de alguna forma el alma de las personas.

CHC: Usted y yo nos conocimos, epistolarmente, a finales de los 80. Usted acababa de publicar 30 poemas (1986) y Poemas sureños (1989). ¿Cómo ha cambiado su poesía desde entonces, si es que lo ha hecho?
JC: Mi poesía ha cambiado mucho como no puede ser de otra manera. La que ahora escribo es distinta, más intimista, con otros temas más universales, y por supuesto más enriquecida por las lecturas y las experiencias de vivir.

CHC: Ese Poemas sureños que, por cierto, guardo con mucho afecto en mi biblioteca y que lleva una dedicatoria suya, es un poemario crudo, de los que duele leer (pese a la hermosura de sus versos) porque nos hace ver la realidad de un lugar y de sus gentes. Quizá sea una pregunta absurda, pero ¿ese dolor puede ser reflejo del que usted, quizá, sintió al escribirlos?
JC: Sí. Cuando escribo sobre mi región, que aún hoy duerme a la intemperie de una sociedad cada vez más injusta, sufro mucho. Veo el dolor y la pobreza de mi gente y me identifico con ellos. Cuando escribí mi novela sobre la relocalización de la comunidad de Pilquiniyeu del Limay y la penuria de sus pobladores que fueron despojados de todo, sufrí mucho. Borges decía de Martínez Estrada que “era un escritor de espléndidas amarguras”. Eso pasa.

CHC: ¿Cómo se vive, cómo se siente la poesía en Argentina?
JC: La poesía en mi país goza de buena salud. Nuevos poetas jóvenes vienen publicando sus libros y hay una inquietud literaria muy importante: recitales, ferias de libros, mesas redondas. Los países de América Hispana hemos tomado esa herencia de la buena poesía y la hemos trasplantado a este continente fantástico.

CHC: ¿Cómo ve el estado de la poesía en el mundo actual?
JC: No leo mucha poesía actualmente sino más novelas y ensayos. Sí a mis poetas amigos que tienen mucho talento. La Poesía, y lo digo con mayúscula, habita en cada región de este mundo y enciende el alma de los hombres desde la antigüedad más remota.

CHC: ¿Hasta qué punto un escritor, un poeta en este caso, puede influir en la sociedad?
JC: No creo que tengamos una gran influencia en la sociedad con lo que escribimos, tal vez, si tenemos suerte, en algunos lectores y eso es un gran aliciente para seguir escribiendo.

CHC: ¿Cómo le gustaría ser recordado?
JC: Me gustaría ser recordado como un poeta de pueblo, como uno más de mi gente. Por alguna frase feliz, por algún poema, por alguno de mis libros perdido en los anaqueles de cualquier biblioteca.

CHC: ¿Puede desvelar en qué se encuentra trabajando actualmente?
JC: He terminado mi último libro que será editado en breve sobre mis años de bohemia y militancia en Bahía Blanca. Es la historia de mi ciudad, de sus calles, de sus librerías, de sus personajes, de las ternuras que dejé, al decir de Scalabrini Ortíz en cada una de sus esquinas.

CHC: Para concluir, un deseo, un sueño como escritor, como poeta.
JC: Deseo que cada vez haya más poetas y escritores que escriban con dignidad, que los más jóvenes tomen la posta de este oficio maravilloso que es escribir y descansar en paz y que esta tierra que tanto amo me sea propicia.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *