A últimos de los años 80 ingresé en El Candil, una asociación literaria de Basauri. En ella conocí a personas muy interesantes, como Juan Camacho, Miguel Ángel Manjón, Pilar Ortega, Miguel Ángel Zorrilla, Ana Molano o Imanol Bueno Bernaola. Fue una etapa intensa y productiva. Cada viernes por la tarde nos reuníamos, leíamos nuestras creaciones, comentábamos, debatíamos… De vez en cuando celebrábamos tardes de puertas abiertas, en las que vecinos y vecinas de Basauri acudían a escuchar nuestros poemas, nuestros relatos, nuestras pequeñas incursiones en lecturas variadas más o menos teatralizadas. Mantuvimos también contacto con La Galleta de Norte, asociación literaria de Barakaldo, en la que figuraban, entre otros, Josu Montero y José Blanco. Un buen día, todo eso quedó atrás y El Candil pasó a ser recuerdo. Hace unos meses, vía Messenger recibí un mensaje que me devolvió a tiempos y a sensaciones pasadas, lejanas. Imanol Bueno Bernaola surcó la distancia de décadas y devolvió a mi vida vivencias que nunca se habían olvidado, pero sí adormecido.

Me alegró saber de él y me alegró también conocer que seguía escribiendo. En noviembre de 2020 salió a la calle su poemario La nieve cubriendo el patio, publicado por la prestigiosa editorial Valparaíso. Imanol Bueno Bernaola tiene una voz poética que merece la pena ser leída. El tiempo ha curtido y ha guiado a este poeta que no naufragó cuando El Candil, aquel barco en el que navegamos junto a otros compañeros y compañeras entusiastas de las letras se perdió en alta mar.

En las líneas que siguen podemos conocerle un poco más.

CHARLANDO CON…: Imaginemos que se presenta usted, como escritor, en su caso como poeta, ante un gran público que no le conoce. ¿Cómo se presentaría? ¿Qué le diría?
IMANOL BUENO BERNAOLA: Pues si se tratara de hacerlo ante un gran público, seguramente estaría cohibido y mi presentación sería escueta, lo cual, siempre es de agradecer. Si uno habla mucho de sí mismo, al final se está escondiendo. Yo diría que soy poeta, que hago fotografía documental y alguna que otra pieza audiovisual.

CHC: ¿Recuerda cuáles fueron sus primeras lecturas?
IBB: El primer libro que recuerdo haber leído, ayudado por las ilustraciones, fue La isla del tesoro y aquellas novelas de aventuras de la editorial Bruguera que siempre me regalaban por mi cumpleaños.

CHC: ¿Cómo fue la evolución de esas primeras lecturas?
IBB: Supongo que de una manera natural a medida que iba cumpliendo años. Las lecturas obligatorias durante la época de estudiante, en la que a veces te sentías seducido por un autor y otras acababas aborreciéndolo, me fueron poniendo tras la pista de escritores que hoy forman parte de mi ideario literario.

CHC: ¿Y qué lee ahora?
IBB: Últimamente estoy leyendo mucha poesía de Joan Margarit, Martí i Pol, Ángel González, Pizarnik, Riechmann… y novela, sobre todo de mujeres, como Txani Rodríguez, Edurne Portela, Alaine Agirre, Karmele Jaio… Además, cada cierto tiempo, continúo revisitando el universo de Cortázar.

CHC: ¿Cree que se lee todo lo que se debería?
IBB: Dicen que en esta pandemia la lectura ha sido un buen refugio para evadirse, pero nunca es suficiente. Algunos estudios indican que estamos muy por debajo en hábitos de lectura y, curiosamente, esto no se corresponde con el número de publicaciones, en lo que somos una potencia.

CHC: ¿Por qué no se lee más?
IBB: No lo tengo muy claro. Tal vez haya múltiples razones: la falta de estímulos en el entorno familiar, un sistema educativo que no fomenta lo suficiente el hábito, la premura de estos tiempos y unas redes sociales virtuales que nos absorben.

CHC: ¿Cree que se publica más de lo que se debería?
IBB: Creo que no, además son decisiones editoriales que responden a criterios de rentabilidad. El auge de pequeñas e independientes editoriales hace que lleguen a nuestras manos títulos muy interesantes.

CHC: ¿Cree que desde los organismos pertinentes se fomenta debidamente el amor a la lectura, a la escritura, a la cultura en general?
IBB: Por lo general, no. Las instituciones apuestan por las nuevas tecnologías de la comunicación y promueven escasamente la lectura, la escritura y el interés por la cultura, salvo cuando son productos de consumo masivo.

CHC: ¿Desde cuándo escribe?
IBB: Desde muy niño. Según me contaba mi madre, escribía versos en los huecos donde se pegaban los cromos en los álbumes de la editorial Maga, que eran de fútbol y también de animales. Al parecer, nunca terminaba las colecciones, pero esto posibilitaba expresarme.

CHC: ¿Cómo eran aquellos primeros escritos?
IBB: No tengo recuerdo de ello. Se puede imaginar cómo podían ser aquellos poemas en cuanto a temática y sobre todo caligrafía; apenas había aprendido a escribir.

CHC: Usted y yo nos conocimos en la Agrupación Literaria el Candil, allá a finales de los 80/principios de los 90. Creo que para cuando yo entré a formar parte, usted ya estaba allí. Lo que no recuerdo es si usted fue uno de los miembros fundadores. ¿Qué recuerda de aquellos tiempos?
IBB: Recuerdo bien cuando usted llegó a la asociación, con su primo Íñigo. Efectivamente, yo también fui uno de los miembros fundadores de El Candil de Basauri. Un grupo de poetas jóvenes habíamos formado parte de la Asociación Artística Vizcaína, pero necesitábamos abrirnos a otras visiones poéticas. Fueron años de mucho aprendizaje, nuevas lecturas y contactos con colectivos que trabajaban en clave vanguardista.

CHC: ¿Qué supuso para usted su paso por el Candil?
IBB: Sobre todo, establecer vínculos con otros autores y, como le decía en la pregunta anterior, estar al tanto de nuevas poéticas. Creo que el paso por El Candil fue crucial; una época de muchos descubrimientos.

CHC: En 1989, estando en el Candil, publicó su primer poemario, Tiempo y Palabra. Cuéntenos, ¿cómo fue aquella aventura?
IBB: Un año antes había participado con 3 poemas en la antología Páginas de Interior de la AAV y eso me animó a publicar aquel poemario. Me prestaron una máquina de escribir eléctrica y transcribí buena parte de la obra que tenía hasta entonces. Fue una autoedición muy artesanal.

CHC: ¿De qué hablaban aquellos versos?
IBB: El título machadiano puede dar una idea de su temática: el paso del tiempo, esencialmente. Era una voz joven que empezaba en la poesía, que tenía aún muy pocas horas de vuelo, pero unas ganas colosales de escribir.

CHC: Hasta 2020 no ha vuelto a publicar, ¿por qué este prolongado silencio?
IBB: He estado trabajando en otros registros. En cuanto a la poesía, digamos, he permanecido emboscado; de vez en cuando escribía algo para alguna revista o, simplemente, para mí, y después volvía a adentrarme en el periodismo. Así durante unos años y, ya en los últimos tiempos, haciendo fotografía documental.

CHC: Y su regreso ha venido nada más y nada menos que de la mano de la prestigiosa editorial Valparaíso. ¿Cómo ha sido la experiencia?
IBB: Muy positiva. Envié un manuscrito a Valparaíso y me llamaron interesados en incluir mis poemas en su catálogo. Es una editorial especializada en poesía y eso se nota mucho en el cuidado de la edición. Además, hacen un buen trabajo de distribución por innumerables librerías de todo el Estado.

CHC: ¿Qué diferencias existen entre aquel Tiempo y Palabra y este La nieve cubriendo el patio?
IBB: Treinta años, con todo lo que eso comporta: vivencias, percepciones…

CHC: ¿Qué queda —literariamente hablando— en el Imanol Bueno Bernaola de ahora del Imanol Bueno Bernaola de entonces?
IBB: Las ganas de conocer el mundo que me rodea, pasándolo por el tamiz de la poesía. Me queda la curiosidad y, en general, la pasión por la lectura y la escritura.

CHC: Háblenos un poco de La nieve cubriendo el patio. ¿Por qué ese título?, ¿qué ha querido plasmar en sus páginas?, ¿qué espera de él?
IBB: Hace años escuché por Internet un programa de radio argentino de Jorge Lanata, sobre Rayuela, que terminaba con una pieza de audio en la que el propio Cortázar decía: «Puedo también leer una carta que hay en Rayuela y que fue escrita, así como la voy a leer, como un mate ya lavado, como un disco muy viejo, como la nieve que llena el patio, cosas así». De ahí surge el título de una colección de poemas escritos pausadamente a lo largo de los años. La publicación ha significado que esos versos sean ya inamovibles, que deje de alterarlos con periódicas correcciones.

CHC: En esos años de vacío editorial ¿siguió escribiendo o la escritura quedó relegada de su día a día?
IBB: Siempre he escrito con mayor o menor profusión. Además, muchos años los pasé escribiendo para un medio de comunicación y en este tiempo hice, junto a Aitor Ventureira San Miguel, Araba: mitos, creencias y tradiciones, y después, haciendo voluntariado y activismo social, nacieron La Puerta Cerrada y Ahaztuak.

CHC: Su faceta más conocida es la de fotógrafo. Por cierto, su blog (ibuenobernaola.com/) me parece sumamente interesante, profesional y recomendable. La temática que toca es básicamente social. ¿Hasta qué punto ha influido su sensibilidad por estos temas a la hora de escribir poesía? Y formulo la pregunta también en sentido contrario: ¿Hasta qué punto ha influido su sensibilidad poética en su carrera fotográfica?
IBB: Muchas gracias por su apreciación sobre mi web. El poeta Baudelaire decía que, de las artes, la más semejante, la más fácil de hermanar con la poesía, era la fotografía. Y puede ser así. Si le digo la verdad, en ocasiones, tengo la sensación de estar haciendo lo mismo cuando escribo poesía que cuando hago fotografía documental; la mirada es la misma.

CHC: Sé que la pregunta se presta a la broma de evocar los célebres versos de Gustavo Adolfo Bécquer, pero dígame: para usted, ¿qué es la poesía?
IBB: La mayoría de las veces una pulsión. Con ella me retrato frente al mundo. También es ese lugar seguro al que se siempre se regresa y te ayuda a desterrar los demonios.

CHC: ¿Cómo ve el estado actual de la poesía, en líneas generales?
IBB: Veo que se publica mucha poesía joven en redes sociales y da una sensación falsa de resurgimiento. Creo, en cualquier caso, que hay que distinguir entre lo que se publica en esos medios y lo que llega a las librerías de poetas clásicos contemporáneos.

CHC: ¿Considera que, en general, se le tiene el respeto que se merece?
IBB: Respeto, sí, sin lugar a dudas, aunque después no se le preste la atención que merece porque el mercado considera que no tiene mucha venta.

CHC: ¿Por qué, en cierto modo, se sigue viendo a la poesía como cosa propia de gente «rara»? ¿Puede deberse a que carecemos de una formación poética en condiciones?
IBB: No creo que eso sea así, la poesía tiene mucho prestigio en círculos literarios, fuera de ahí, tal vez existan prejuicios. El cariz de género minoritario que viene arrastrando desde hace siglos puede ofrecer una idea estereotipada.

CHC: ¿Qué autores y/o autoras han influido más en su obra, si es que alguno/a lo ha hecho?
IBB: Han sido muchos a lo largo de los años. A cada periodo le corresponden unos, aunque autores como Julio Cortázar viajan conmigo desde los inicios.

CHC: A su juicio, ¿qué es lo que hace buena o mala a una poesía?
IBB: La buena poesía perdura. Un día caen en tus manos unos versos que te hacen vibrar, que te dan un vuelco porque estabas en esa clave y sintonizabas. Pasado el tiempo, te asomas a ver qué te producen, entonces, si aún sientes el escalofrío, esa es buena poesía.

CHC: Entre una buena acogida por parte del público o una buena acogida por parte de la crítica especializada, ¿con cuál se quedaría?
IBB: Ambas son necesarias para reafirmarte, pero si no se producen, no pasa nada. Lo substancial es que uno consiga expresarse a través de ella y le sosiegue.

CHC: ¿Qué opinión le merecen las Ferias del Libro?
IBB: Al margen de significar un negocio para las editoriales y las grandes cadenas de librerías, para quien se dedica a la creación, son un territorio muy interesante porque se establece contacto con lectores/as y, de paso, para socializar con otros escritores, porque, ya se sabe, este es un oficio que se ejerce en la más absoluta soledad.

CHC: ¿Impresiona enfrentarse al público que se acerca, ojea, pregunta, compra su poemario, le pide una firma…?
IBB: Las primeras veces sí, después te vas acostumbrando y te halaga que alguien tenga interés en poseer el libro con tu firma.

CHC: ¿Qué haría, si estuviera en su mano y si fuera posible hacerlo, para mejorar las ferias del libro, para atraer más público?
IBB: No tengo ni idea, quizás aplicar técnica de mercadotecnia, aunque, no sé, tal vez ello pueda desvirtuar la esencia.

CHC: ¿Hay algún autor/a a quien no «pueda» leer?
IBB: Intento que los prejuicios que pueda tener hacia algunos autores no influyan en mi opción de lectura.

CHC: ¿Y quién es el autor/a al que le encanta leer?
IBB: Muchos. En novela siempre acierto con Millás, Mendoza, Roth, Auster, Bolaño y un largo etcétera. En poesía la nómina sería demasiado larga para citarla aquí, además, creo que en esta entrevista ya he apuntado unos cuantos.

CHC: ¿Cree que puede haber autoras/es que por no ser conocidos en otros ámbitos o no disfrutar de una adecuada promoción puedan pasar inadvertidos a pesar de tener trabajos dignos de obtener más éxito?
IBB: Sí, siempre se descubren autores y autoras de mucha valía que han permanecido ocultos al gran público porque no han contado con el respaldo promocional de una editorial ni de los medios de comunicación. Merece mucho la pena dejarse recomendar libros y trastear en los fondos editoriales de las librerías.

CHC: El fenómeno de la autoedición y de la coedición está en auge y, si los datos no me engañan, cada año hay más editoriales de este estilo —incluso alguna de las grandes ha incorporado esta forma de editar como complemento a su edición tradicional— y más autores y autoras que se decantan por ellas. ¿Qué opina de esto?
IBB: Me parece una opción muy buena. La autoedición ya se venía produciendo desde hace mucho tiempo, y hoy en día es más accesible gracias a las nuevas tecnologías. En cuanto a la coedición, es razonable el incremento, ya que las grandes editoriales han encontrado ahí un nuevo nicho de mercado.

CHC: ¿A qué se debe el que un autor prefiera esta forma de edición a la edición tradicional? ¿Impaciencia? ¿Temor al rechazo? ¿La dificultad para acceder a una editorial convencional? ¿Los largos tiempos de espera que muchas veces se producen a la hora de recibir una respuesta por parte de las editoriales?
IBB: Supongo que un poco de todo ello. De joven se tiene más urgencia, con los años se relativiza y se controlan esas pulsiones.

CHC: ¿Cree que la pandemia que estamos atravesando, especialmente los meses de confinamiento del año pasado, ha provocado la proliferación de autores y autoras? Un colega me decía hace poco que ha sido como cuando llueve y escampa: que salen caracoles por todas partes.
IBB: La pandemia nos ha hecho reflexionar mucho, hemos vivido hacia dentro, en todos los sentidos, y esa introspección ha sacado a la superficie al poeta y también al filósofo que llevamos dentro.

CHC: ¿Qué opina de los talleres de escritura?
IBB: No tengo mucha experiencia en ellos. Hace años, en los 90, asistí en Algorta al taller que impartía Ramiro Pinilla. Me fascinó el formato y la dinámica que se aplicaba. Para mí era todo muy nuevo, pero la distancia y otras obligaciones me impidieron dar continuidad a aquello.

CHC: ¿Cree que para escribir a un nivel, digamos, por encima de la media, hay que poseer un don especial?
IBB: Pues la verdad es que no sé cómo se establece ese baremo. Tengo muy claro que la poesía es una actividad artística que hay que cultivar continuamente con emoción, sentimientos y también con buena cantidad de reflexión.

CHC: ¿Se puede llegar a ser buen escritor/a si no se lleva dentro esa especie de… «don»?
IBB: Puede ser, sí, adquiriendo oficio, puliendo el estilo en talleres literarios, desencadenando la creatividad… Es fundamental la predisposición inicial, después, como en todo, uno se puede formar «profesionalmente».

CHC: ¿Es precisa una sensibilidad especial para escribir poesía? ¿Una sensibilidad que quizá no sea tan exigible o necesaria en el caso del cuento o la novela?
IBB: La sensibilidad es un pilar importante en todos los órdenes de la vida. La poesía es una más. No creo que sea necesaria una dosis mayor. Requiere, eso sí, una mirada diferente.

CHC: ¿Existe una técnica para escribir poesía o, como defienden algunos, es pura inspiración?
IBB: Existen infinidad de técnicas. Hay una preceptiva, principalmente para aquella poesía que se ajusta a los cánones más clásicos: métrica, estrofas, figuras poéticas… En mi caso, me doy al verso libre, pero trato de ser fiel a un ritmo poético determinado.

CHC: ¿Considera que la escritura debe ir unida a la lectura? Para ir más directo al grano: ¿cree que se puede llegar a escribir con una cierta dignidad sin tener un mínimo bagaje como lector/a?
IBB: Sin lugar a dudas, siempre. Yo no concibo la creación literaria sin un mínimo bagaje lector.

CHC: ¿Contempla el paso a otro género? ¿Se ve escribiendo, por decir algo, novela?
IBB: Sí, además de esporádicas incursiones en el relato breve, desde hace tiempo me ronda la cabeza escribir una novela. El día menos pensado llegará el momento.

CHC: Proceso de trabajo. ¿Qué es primero: una idea repentina que da pie a un escrito o la búsqueda de una idea para ponerse ante el teclado?
IBB: Para la poesía, mi proceso creativo parte de vivencias que me marcan de una manera especial por la razón que sea, después llega un tiempo en que estoy en barbecho; leo mucha literatura de distintos géneros, escucho música… De pronto, un día, todo eso se vuelca en el papel. Si es prosa, todo es más inmediato y mecánico. Parto de una idea concreta, que en ocasiones me ha sido sugerida, y la voy desarrollando con un esquema que se ajuste al medio donde va a ver la luz.

CHC: ¿Cree en la inspiración?
IBB: Tengo que admitir que sí. Hay un chispazo repentino que libera la creatividad.

CHC: ¿Es un autor de tiempos regulares o no lleva un patrón de días y horas?
IBB: No tengo un patrón de trabajo definido, al menos cuando se trata de poesía. Envidio la metodología de los autores que escriben a diario un número determinado de palabras, que mantiene bien engrasada la maquinaria.

CHC: ¿Relee mucho sus escritos?
IBB: Sí, mucho. Una vez terminados, los dejo reposar un tiempo en el que son sometidos a varias lecturas hasta aceptarlos como definitivos.

CHC: ¿Corrige mucho sus escritos?
IBB: Muchísimo, y hago diferentes versiones, las primeras de ellas, escritas a mano; después, ya lo paso a ordenador y continúo corrigiendo.

CHC: ¿Qué es lo que menos le gusta de su manera de escribir?
IBB: La falta de un método de trabajo constante, ya lo dejaba entrever en una pregunta anterior.

CHC: ¿Y lo que más le agrada?
IBB: Que no me doy por satisfecho con lo que escribo, que necesito reposar las cosas, dejar que se enfríen y tener una mirada crítica hacia mi obra.

CHC: ¿Cree que posee un estilo peculiar?
IBB: Creo que no. En cualquier caso, eso es un aspecto que cuesta detectar uno mismo. No pertenezco a ninguna corriente literaria constituida como tal, aunque ello no significa, necesariamente, que no me arrastren algunas inercias. Los escritores somos lo que leemos.

CHC: ¿Se considera un escritor, un poeta original?
IBB: No, precisamente por lo que respondía en la pregunta anterior: porque somos la suma de miles de años de poesía. Desde Petrarca —por decirlo así— los poetas escribimos los mismos versos variando, levemente, el punto de vista y el registro lingüístico. Los temas son, sin remedio, recurrentes.

CHC: ¿Es usted de los que se inspiran en la vida cotidiana, en los detalles, es decir, de los autores que observan y toman nota?
IBB: Antes sí lo hacía. De más joven, siempre llevaba una pequeña libreta donde anotaba versos que me salían al encuentro, y, si estaba en un bar, usaba las servilletas de papel o un trozo de mantel.

CHC: ¿A cuántas personas deja leer sus borradores?
IBB: Si son meros borradores prefiero no compartirlos; hay mucho caos. Una vez que han tomado forma, me gusta que los lea mi mujer porque tiene buen criterio.

CHC: ¿Disfruta más del camino, es decir, del tiempo de escritura, o del final, o sea, de ver ese trabajo concluido?
IBB: En muchas ocasiones hay cierto desasosiego en el acto de la escritura; a mí me remueve muchos sentimientos. Prefiero el placer efímero —que dura apenas unos minutos— del poema ya terminado.

CHC: ¿Puede desvelar en qué se encuentra trabajando actualmente?
IBB: Sí. En la fase de documentación de un proyecto audiovisual relacionado con la memoria histórica.

CHC: En esta web tengo una sección dedicada a recomendar lecturas. ¿Cuál nos recomendaría usted?
IBB: En fechas recientes he leído con mucho placer la novela X ha muerto, de Alaine Agirre, y la recomiendo encarecidamente. Sigo indagando en el resto de su obra porque estoy seguro de que hay auténticas joyas.

CHC: Para concluir, un deseo, un sueño como escritor en general y como poeta en particular.
IBB: Pues me gustaría no perder la ilusión por la literatura, seguir haciendo incursiones en la prosa hasta llegar a la novela y que la poesía continúe ejerciendo ese influjo sobre todo lo que hago.

 

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