Muy dichoso de haber pasado el fin de semana en la Feria del Libro de Madrid, que ya cumple su edición 85. Calor, mucho calor (como era de esperar en Madrid en estas fechas), pero cada minuto ha sido vivido con intensidad y pleno disfrute.

Aunque no soy muy amigo de las multitudes no es lo mismo viajar en el Metro apretujados como sardinas en lata que pasear por el parque del Retiro entre personas que van y vienen, se paran en las casetas o hacen cola para obtener la firma de un autor o una autora. No es lo mismo, como diría Alejandro Sanz.

El sábado por la mañana pudimos ver, firmando, a Elvira Lindo, Antonio Muñoz Molina, Javier Cercas, Santiago Posteguillo, Megan Maxwell, Jesús Carrasco… y otros cuantos que no gozan de la misma fama. En la caseta de Huerga & Fierro tuvimos un feliz encuentro con Isabel Ordaz, la actriz, cuya faceta literaria desconocíamos. Digo feliz encuentro porque descubrimos en ella la imagen de la humildad, del amor por lo que escribe, del respeto por lo que escribe, del saber separar su faceta pública como actriz de su faceta menos conocida como escritora (poeta principalmente).

Por la tarde tocaba estar en la caseta de Aliar Ediciones. Estar como escritor en la Feria del Libro de Madrid es ilusionante. Hay, al mismo tiempo que tú, tantos escritores y escritoras firmando, que, para alguien como yo, desconocido fuera de mi entorno, firmar un ejemplar, aunque solamente sea un ejemplar, es todo un premio. Por eso, ayer, firmar lo que firmé fue emocionante. A ello contribuyó en gran manera el trabajo de Pablo Quintela. Pocas veces he visto un vendedor con tanta gracia, tanta simpatía y tanta elegancia para atraer al público, ofrecer los títulos allí expuestos y, si era el caso, derivarle hacia “El último viaje”. Pablo y Aníbal Ayala, director de la editorial, fueron anfitriones perfectos, amables, compañeros.

La visita de mi primo Aitor, con su mujer y su cuñada, fue eso, toda una agradable sorpresa. Muy agradable.

A última hora pude estrechar la mano de Antonio Tocornal, escritor gaditano residente en Baleares, con una muy interesante trayectoria literaria a sus espaldas (sin ir más lejos, la semana pasada se supo que había sido galardonado con la edición número XIII del premio de Novela Corta “Fundación Monteleón”), a quien llevaba un tiempo queriendo leer y cuya dedicatoria figura en su novela “Bajamares”, lectura que comenzaré en breve.

Solamente me queda dar gracias. Gracias a Aliar Ediciones por confiar en “El último viaje” y por el trato que me está brindando todo su equipo, trato que se fragua en hechos, no sólo en palabras (ahí está la diferencia). Gracias a las lectoras y lectores que ayer adquirieron mi novela y también, por supuesto, a quienes no lo hicieron pero leyeron la sinopsis, hablaron conmigo y me desearon suerte. Gracias a los autores y autoras con los que pudimos conversar brevemente. Gracias a quienes dais un “Me gusta” a las publicaciones que vamos subiendo a las redes. Gracias a quien corresponda, por permitirnos vivir días así. Y gracias, de manera destacada, a Idoia, por todo.

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