Enrique Arberas Mendibil es biólogo, docente y, por encima de todo, un apasionado de la naturaleza.

Tengo el honor y el placer de conocerle desde hace algunos años y de haber compartido con él charlas, documentales (pastoreo en Sierra Salvada y en el macizo de Gorbeia), una inolvidable noche bajo las estrellas en la majada de la Ponata en compañía del equipo de grabación, paseos por la sierra en busca del preciado perretxiko (toda una aventura), y también de haber colaborado con él en varios de sus trabajos.

El último de estos trabajos lleva por título El lobo en Euskadi. 30 años lobeando entre ovejas y pastores. Es, posiblemente, el libro más trabajado y deseado de Enrique por el sentimiento que le une a ese animal: el lobo. Una criatura envuelta en la mitología, en el misterio, en la leyenda, en los cuentos… y muy presente en nuestros días. Una criatura que provoca una enconada controversia entre sus defensores y sus detractores.

Enrique Arberas es además un hombre que contagia su pasión, como quedó patente el pasado viernes, día 12, en la presentación del libro: el Amurrio Antzokia al completo (más de 300 plazas), un ambiente de efervescente interés, personas de la zona y otras llegadas desde Gipuzkoa, La Rioja, Extremadura… y dos ponentes de lujo, dos auténticos gigantes de la Biología: Juan Carlos Blanco y Odile Rodríguez de la Fuente, hija del hombre que metió la naturaleza en nuestras casas a través de la televisión: el mítico Félix Rodríguez de la Fuente. Estaba prevista la presencia, como ponente junto a Odile y Juan Carlos, de Jaime Izquierdo, Licenciado en Ciencias Geológicas por la Universidad de Oviedo y comisionado, de 2019 a 2023 para el reto demográfico del Gobierno del Principado de Asturias, pero por motivos personales de última hora no pudo desplazarse.

Abrió el acto Juan Antonio Alaña, con tres toques de cuerno. Subió al escenario Enrique, flanqueado por los ponentes, que demostraron por qué son referentes a nivel internacional. Enrique —siempre generoso— les hizo entrega, junto al historiador Juanjo Hidalgo, de tres regalos-sorpresa: una huella de lobo, creada por el reconocido artesano ayalés Luis Padura, realizada en losetas de gres refractario con óxido de hierro y engobe, mediante impresión, con una huella de lobo tallada en madera. Un cuerno sonoro pirograbado, realizado por Juan Antonio Alaña, artesano igualmente ayalés, y una txapela bordada y personalizada.
Enrique no quiso olvidarse de Iñaki Zorrakin, biólogo e ilustrador de Naturaleza, presidente en su día del Instituto Alavés de la Naturaleza y fallecido en 2004. Su viuda, Berta Gongeta, recogió en su nombre una huella de lobo, entregada por el adolescente Xabier Cea Sedano.

Ruben Isasi, Urritz Oñederra y Xabi Valle pusieron la nota musical con una giga irlandesa interpretada con alboka, triki y bodhram.

Siguió la presentación con Enrique comentando los motivos que le han llevado a publicar este libro, y dejó un alegato muy interesante sobre la realidad del lobo en nuestros montes y, muy seriamente y con una rotundidad contenida, pidió respeto para todos los que, como él, se dedican a trabajar en la naturaleza y, a menudo, son víctimas de desprecios, malos modos e incluso robos de material fotográfico.

A continuación se proyectaron dos videos, uno de ellos muy emotivo, en el que la protagonista era una loba coja, cuyo rastro ha seguido Enrique durante años hasta que, por fin, pudo tenerla ante sí, frente a frente.

El acto quedó clausurado por los tres músicos citados, que interpretaron una impresionante versión de la melodía del programa de RTVE El hombre y la Tierra, de Félix Rodríguez de la Fuente.

Tuve el honor, por petición de Enrique, de ser el maestro de ceremonias de esa presentación tan, tan especial.

Cada instante vivido esa tarde estuvo cargado de emoción. Saludé y me encontré con personas que veo más o menos con cierta regularidad y con otras que hacía tiempo que no veía y hacia las que guardo, a partes iguales, agradecimiento y afecto. No voy a citar ninguna, porque a buen seguro algún nombre se me quedaría en el tintero, haciéndome cometer un desliz imperdonable.

El lobo en Euskadi. 30 años lobeando entre ovejas y pastores, un libro que se lee con facilidad, con interés, que seduce, que enseña, y que plasma la pasión de un hombre trabajador, amante ciego de su profesión, riguroso, humilde, tenaz, que manifiesta su gozo y su gratitud por poder despertarse cada mañana y contemplar, desde su hogar, el perfil de Sierra Salvada y, destacando en ella, el espolón del Tologorri.

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