Hay quiénes han catalogado esta novela de Eduardo Mendoza como uno de sus mayores logros literarios. Quizá pueda ser así, resulta difícil establecer un podio de logros en una trayectoria tan extensa y variada como la de este autor.

Personalmente, puedo decir que es una novela de la que disfruté, y conmigo Idoia, ya que tenemos la sana costumbre de leernos mutuamente, desde la primera línea hasta la última. El escenario se ciñe a un ambiente rural de la provincia de Barcelona en los años 50 del siglo XX. El argumento nos presenta a sor Consuelo, madre mayor de un grupo religioso en el pequeño pueblo de Sant Ubaldo en la Bassora de Barcelona. Bajo su responsabilidad se encuentra un hospital ruinoso que desea convertir en un asilo de ancianos, para lo que acude a la casa de Augusto Aixelà, adinerado cacique que vive aislado del mundo en su mansión, con la única compañía de las personas de su servicio.

A partir de este planteamiento Mendoza nos arrastra a una historia que, pese a cierta previsibilidad en algunos pasajes, no deja de sorprendernos y, sobre todo, de fascinarnos con imágenes, con expresiones, con descripciones y con las voces perfectamente personales de sus protagonistas.

El año del diluvio es una novela corta (190 pág.) que se lee con admiración, con el pulso acelerado y con la urgencia de descubrir qué se esconde tras la personalidad de la monja y del cacique, de saber cómo acabará el duelo que ambos plantean capítulo tras capítulo.

                                                                                                                                                            Imagen de Eduardo Mendoza tomada de https://lemondedupolar.com/

El año del diluvio

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