El pasado 6 de julio asistí a la presentación, en el Salón de Actos del Museo San Telmo de Donostia, del poemario «El bosque no es un árbol repetido. Sonetos y soñetos», de Félix Maraña, publicado por la editorial Huerga & Fierro.

Del poemario no voy a dar ninguna opinión personal, pues no es éste el motivo de estas líneas. Pero sí de su autor. Aquella tarde, en aquel salón que, pese a ser amplio, no pudo dar cabida a todas las personas que acudieron, quedé, a partes más o menos iguales, agradecido, admirado y resarcido. Agradecido a un poeta (entre otras facetas relacionadas con la literatura) por presentar su obra en público y dar una lección de lo que es sentir, vivir, entender y fomentar la poesía, de lo que es saber de lo que se habla, por compartir con los presentes su extenso bagaje cultural. Admirado por la trayectoria de un activista de las letras que ha dedicado más tiempo y esfuerzo a sostener y apoyar proyectos culturales y a autores y autoras que a la obra propia, a velar por que las letras no se extingan, no pasen de moda, sean algo que forme parte del día a día. Y resarcido de tantos sinsabores y decepciones motivados por el poco respeto que desde hace unos años se viene perpetrando —desde muchos ámbitos— contra esta pasión, este oficio, este afán, que es la escritura, disciplina en la que, por lo que parece, todo vale; resarcido también de las heridas morales causadas por el arribismo y el mercadeo exacerbado que padece la literatura. Todo esto quedó resumido en palabras de Maraña, cuando dijo que en este poemario ha empeñado, aparte de su mimo y su respeto por las letras, algo muy propio y muy íntimo: su ilusión, su corazón.

Félix Maraña, un hombre generoso, agraciado con el don de la palabra y del ingenio. Un hombre que bien podría presumir de muchas cosas y que sin embargo pasa, y pasea, por la vida con discreción, sin prisa, con ese paso tranquilo de quien sabe dónde pisa.

«El bosque no es un árbol repetido. Sonetos y soñetos», un poemario de recomendada lectura. Félix Maraña, un autor a quien tener muy presente.

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