Desde 2019 vengo impartiendo clases de escritura creativa en el espacio Kultur Birika, de Derio (Bizkaia), patrocinado por el ayuntamiento y gestionado por Ortzadar.

Desde que en 2020 fijé, junto a Idoia, nuestra residencia en Cuzcurrita de Río Tirón, el desplazamiento hasta Derio se vio incrementado, entre otras cosas, en tiempo y en esfuerzo, pero en momento alguno he valorado la posibilidad de darme de baja. El valor humano de la gente que cada lunes se reúne en el aula hace que todos los obstáculos tengan menos importancia. Además, en este curso se han sumado tres personas, realmente implicadas, que han aportado frescura, nervio y alegría, algo que nunca ha faltado en el grupo ya existente. El ensamblaje entre la plantilla veterana y las nuevas incorporaciones ha sido perfecto, hasta el punto de que cualquiera que nos viera desde fuera no sabría distinguir a unos de otros.

La semana pasada comencé a impartir un curso de ocho clases de escritura creativa en el C.P.A. (Centro de Participación Activa), de Santo Domingo de la Calzada, organizado por Hartford. Me encontré con un grupo más numeroso de lo previsto, pero sobre todo con un grupo de personas con las ventanas abiertas, la mano dispuesta y unas tremendas ganas de aprender.

Lo primero que dije en su día a unos y lo primero que hace unos días dije a otros, es que, como ya escribió alguien en su momento, se puede aprender a escribir, pero es muy difícil enseñar a escribir. Yo aporto lo poco o mucho que sé, lo poco o mucho que me ha enseñado la experiencia, mi amor por las letras y el esfuerzo personal (que también cuenta).

Estoy, por todo ello, feliz. Feliz en un sentido amplio, y de manera destacada por lo mucho que aprendo. Sí, que aprendo. En cada clase, en cada ejercicio, en cada debate, de cada alumna y de cada alumno. No me considero profesor, sino una especie de monitor, de guía, una especie de «alguien» que tiene un recorrido y desea compartir lo aprendido y experimentado en el mismo, tanto lo bueno como lo malo, ya que de todo se sacan enseñanzas.

Me siento respetado, muy respetado. Y ello no es mérito mío, sino de esos dos puñados de personas entusiastas que quieren crecer en su escritura, y pasarlo bien, y aprender pequeños secretos, pequeños trucos, y compartir lo que cada uno y cada una pueda buenamente aportar.

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