Cuando uno se acerca a una librería y toma un libro en sus manos, muchas veces no es consciente -es más, me atrevería a afirmar que nadie piensa en ello, y no lo digo como crítica- del proceso seguido para que ese momento, el de tener un ejemplar que poder hojear y ojear, comprar o no comprar, pueda estar sucediendo.

El proceso de publicación de un libro –me refiero al proceso tradicional, clásico, «lógico», no al cada vez más habitual y extendido de las autoediciones- es bien sencillo: una autor/a escribe, una editorial publica, una distribuidora distribuye y una librería vende. A veces, cómo es el caso de Elkar, por poner un ejemplo cercano, la editorial, la distribuidora y la librería se funden bajo un mismo sello, pero esta circunstancia no altera el espíritu del proceso.

Como autor de diez novelas publicadas hasta la fecha, puedo hablar de la tremenda importancia de dar, desde el momento de tener un manuscrito bajo el brazo, con una editorial o con otra. Mi experiencia con las cuatro que he trabajado ha sido buena. Con unas ha habido más sintonía que con otras, pero por suerte con las cuatro me sigo hablando sin problema alguno. En este punto, el de buscar una editorial para la publicación de tu obra, entra también en juego las pretensiones del autor/a. Hay quienes relegan a un segundo plano el trato personal, la empatía, la cercanía, primando el renombre de la editorial, la tirada que te prometen, la promoción que te van a hacer, el adelanto en caso de que lo haya… En mi caso, sin desdeñar el deseo de vender muchas novelas, me decanto, y con el tiempo con más ahínco, en eso que más arriba he mencionado: el trato personal, la empatía, la cercanía. Porque para mí, sentirme parte de una familia –editorial, se entiende-, sentirme respetado, escuchado y atendido está por encima de otra serie de aspectos. Por eso, admiro a las editoriales que avanzan pasito a paso, que saben cuál es su realidad, y desde ahí invierten su tiempo, su buen hacer y su ilusión en hacerse un hueco en las estanterías de las librerías y en ofrecer al público obras dignas de ser leídas y de que su sello llegue a gozar de prestigio.

Con esto no quiero decir que todas las grandes editoriales sean monstruos que fagocitan a sus autores y autoras sin buscar en ellos y en ellas nada más que el beneficio económico. Y tampoco que todas las pequeñas o medianas editoriales tengan colgada en el balcón de su fachada la bandera del altruismo. Pero después de años trabajando –en campos diferentes al editorial- tanto en multinacionales como en empresas familiares, puedo dar fe de que siempre es más fácil tratar con directores, presidentes y demás cargos de altura en una empresa mediana que en una multinacional.

Dicho esto, quiero poner dos ejemplos de lo que para mí, dentro de mi humildad y mi ignorancia, es una editorial con mayúsculas, una editorial de ésas con las que gusta o gustaría tratar, de ésas que a base de esfuerzo, talento, imaginación y a veces hasta funambulismo cuando los malos tiempos convierten el camino en un delgado cable, van sumando eslabones en la larga cadena de la edición, que es como decir en la cadena de la literatura a lo largo de la Historia.

El primer ejemplo es la editorial Erein, a la que conozco bastante bien y que en el año 2017 recibió en la Feria del Libro de Bilbao la Pluma de Oro, galardón que por primera vez en las 47 ediciones celebradas hasta ese año se concedía a una editorial.

El segundo ejemplo es una editorial valenciana, Olé Libros, decantada especialmente hacia el género de la poesía, de la que hasta unos pocos meses simplemente conocía su existencia y a la que ahora, de manera indirecta, estoy conociendo más en profundidad.

En los motivos del galardón otorgado a Erein y en la entrevista a Olé Libros, quedan reflejados los valores que para mí debe reunir una editorial. Tengo la gran fortuna de haber sido acogido –hace años- como un miembro más de la familia de la primera, y de estar descubriendo que, como pariente «pegado», puedo sentarme a la mesa de la segunda.

Aprovecho, con estos dos ejemplos, para rendir homenaje y mostrar mi más sincero afecto a todas las editoriales que comparten filosofía con estas dos, porque las hay. Y al mismo tiempo enviar un saludo a todos los autores y autoras que gozan del privilegio y el placer de publicar con ellas.

Galardón Erein argitaletxea

Entrevista Editorial Olé Libros

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